La Luz Azul
El olor del caldero se concentraba en la abarrotada estancia, impregnándolo todo con la humedad de sus vapores. La anciana hada vivía en esa vieja cáscara de nuez desde hacía siglos, o tal vez milenios. Su mente ya no sabía contar el tiempo como antaño. Guardaba cada ingrediente meticulosamente en los cajones de su mesita de cocina. Sobre la encimera, colgaban un sinfín de ollas y sartenes enganchadas a la pared rugosa de la nuez, en ganchos abarrotados. Sus amplias y alargadas fosas nasales aspiraron el vapor hasta llenarse los pulmones y sus alas atrofiadas emitieron un zumbido renqueante. —Más achicoria —dijo para sus adentros agarrando un trozo de hoja y empezándola a desmenuzar sobre el caldero. Sus dedos huesudos separaban las fibras con pericia mientras mantenía la mirada perdida en la oscuridad. Hacía tiempo que esos ojos blanquecinos no le servían, pero lo veía todo con el resto de su cuerpo. El hada se recolocó una mama por encima del hombro y empezó a remover el caldero su...