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La otra ausencia de Hipólito Mercedes

Hipólito Mercedes protagonizó, quince años antes, otra ausencia más breve. Quizá por esa liviandad la recuerde vagamente, como un mal sueño. Contaba doce años. Acababan de ponerle las gafas para la miopía. Por lo demás, ya era tan rubio, grueso y tímido como siempre lo fue. La ausencia sucedió un día que salió con Gabriel. Como llevaban pescando todo el mes decidieron ir al monte. Su amigo tampoco era proclive a las aventuras, pero el verano sin colegio se hacía eterno y, recién comidos, se encontraban ociosos con toda la tarde por delante. Los dos amigos salieron a la selva en busca de los panales que las abejas producían. Vestían camisetas, pantalones cortos y botines. Eran los primeros con punteras de bronce de sus vidas y nunca se los quitaban, aunque no había calzado más inapropiado para semejante exploración. Tras una legua de caminata, Gabriel abandonó. Regresaría a Chivilcoy, a ver pasar los ómnibuses de la Estación Norte. Construida dos décadas atrás, la estación había...

Microrrelato 1

Microrrelato. ¿Zumo de melocotón o de piña? Estaba paralizada. La cola detrás de mí, se hacía más larga y sonaban sus voces airadas por encima de la música corporativa. ¿Zumo de melocotón o de piña? Insistía la voz del dispensador amenazadoramente fría. Entonces la hoja de la navaja abandonó mi riñón y me desplomé delante de la máquinas, mientras sonaban vítores de júbilo.

Cuentos mini para personas mini

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Me interesa por razones personales los niños y las niñas. Un cuento te obliga a resumir y a simplificar. Espero que os gusten. TIRILA SE HACE PEQUEÑA Tirilina era una chica mayor. Tenía largos los brazos, largo el pelo, largos los pies y la nariz puntiaguda. Su mama le reñía porque no comía fruta ni verdura: No brócoli, ni plátano, ni zanahoria, ni fresas ni lechuga, porque decía que no le gustaba. Su mama estaba muy preocupada y le decía cada noche a la hora de cenar: “Si no comes, no crecerásy pequeña te quedarás” Y Tirilina se reía y le contestaba que ella ya era grande y que eso no iba a pasar. Pero una mañana, cuando se levantó, ¿qué pasó? ¿qué pasó? Tirilina parecía un bebe. Tenía manos pequeñas, brazos pequeños, cuerpo pequeño, pelusilla en vez de su largo cabello y una nariz pequeña como un botón. Lloraba y lloraba Tirilina, y su mamá la consoló. Pero le dijo: ─ ¡Si ya te lo decía yo! Comió plátano, comió naranja, comió verdura y descubrió que estaban muy rica. Al día siguiente...

Amigo Invisible

Amigo Invisible Se me ocurren cientos de sitios en los que me gustaría estar la noche de un 15 de diciembre de 2017. La cena de empresa anual de CORPINSA no está entre ellos. Pero aquí estoy, en la tercera hora de gloria de una noche que no parece tener fin. Con banda sonora de tintineo de vasos y cubiertos para acompañar un murmullo de chismorreos escuchados con mejor cara de la que merecen. Y diré una cosa, no sabría decirte cuál es el punto fuerte de CORPINSA. Apenas sé bien qué hacemos, salvo hacer pedidos de montones de material de oficina y mover cosas de un almacén a otro. Creo que en la web corporativa dice algo de innovación, compenetración y demás zarandajas que quedan muy bien en pósters con pingüinos y gatitos. Lo que desde luego puedo asegurar es que, si somos líderes en algo, es en dos cosas: en poner buena cara a cualquier tontería con tal de que quien la diga se calle pronto y en la fa...

La Luz Azul

El olor del caldero se concentraba en la abarrotada estancia, impregnándolo todo con la humedad de sus vapores. La anciana hada vivía en esa vieja cáscara de nuez desde hacía siglos, o tal vez milenios. Su mente ya no sabía contar el tiempo como antaño. Guardaba cada ingrediente meticulosamente en los cajones de su mesita de cocina. Sobre la encimera, colgaban un sinfín de ollas y sartenes enganchadas a la pared rugosa de la nuez, en ganchos abarrotados. Sus amplias y alargadas fosas nasales aspiraron el vapor hasta llenarse los pulmones y sus alas atrofiadas emitieron un zumbido renqueante. —Más achicoria —dijo para sus adentros agarrando un trozo de hoja y empezándola a desmenuzar sobre el caldero. Sus dedos huesudos separaban las fibras con pericia mientras mantenía la mirada perdida en la oscuridad. Hacía tiempo que esos ojos blanquecinos no le servían, pero lo veía todo con el resto de su cuerpo. El hada se recolocó una mama por encima del hombro y empezó a remover el caldero su...

Todo normal

Capítulo 1. Desde hace siglos, Papá Noel (Santa Claus, San Nicolás, da igual) escucha decir que solo trabaja una noche al año, y le molesta. Realiza una labor ingrata e invisible: espiar a los niños durante el año y rellenar páginas y páginas de miles de expedientes con textos, fotografías, diagramas... De esta manera, llegado diciembre, puede saber si los niños están siendo sinceros o no cuando le dicen que han sido buenos.  Así que de trabajar un día al año, nada de nada.  Como la edad le está pasando factura, termina los repartos muy justo. El año pasado acabó de milagro, habiendo amanecido. La confusión de un elfo que excluyó Georgia de la lista de países, porque pensaba que era un estado de Estados Unidos, y de un duende novato, que incluyó Estonia en la ruta de la Unión Europea (“la culpa es de Eurovisión, que me confunde”, alegó en su defensa el duende), supuso un aviso para navegantes. Era momento del relevo.  Santa Claus se lo explicaba al joven aspirante...

Navidad Sobrenatural

— Abuela, ¿Cómo celebráis la navidad cuando eras pequeña? — Uy, hija mía, ¡En mi pueblo se celebraba la navidad, pero sin turrón y sin eso del Papa Noel! Su abuela se movía despacio por la cocina. Cogió unas patatas. Las puso sobre su regazo en un lebrillo de barro descascarillado. Se sentó a pelarlas, haciendo crujir el asiento de enea. — ¿Sin Papá Noel? —preguntó a continuación su nieta —.¿Y quién llevaba los regalos? —dijo preocupada, con sus grandes y relucientes ojos que la miraban expectantes. — No había regalos, hija. Si tenías suerte, heredabas la ropa de tus hermanos mayores y sino pues... —Fue perdiendo la voz al alzar los ojos de las mondas de patata. Miró la carita preocupada de su nieta. Y cambió maternalmente de tema —. ¡Pero era muy bonita! —dijo —. ¡teníamos nieve! —afirmó sabedora de lo mucho que le gustaba la nieve a su nietecita. Le sonrió, mostrando una perfecta dentadura postiza en una cara alegre llena de arrugas. — ¿Nieve? —preguntó su nieta esperanzada. Per...