La otra ausencia de Hipólito Mercedes
Hipólito Mercedes protagonizó, quince años antes, otra ausencia más breve. Quizá por esa liviandad la recuerde vagamente, como un mal sueño. Contaba doce años. Acababan de ponerle las gafas para la miopía. Por lo demás, ya era tan rubio, grueso y tímido como siempre lo fue. La ausencia sucedió un día que salió con Gabriel. Como llevaban pescando todo el mes decidieron ir al monte. Su amigo tampoco era proclive a las aventuras, pero el verano sin colegio se hacía eterno y, recién comidos, se encontraban ociosos con toda la tarde por delante. Los dos amigos salieron a la selva en busca de los panales que las abejas producían. Vestían camisetas, pantalones cortos y botines. Eran los primeros con punteras de bronce de sus vidas y nunca se los quitaban, aunque no había calzado más inapropiado para semejante exploración. Tras una legua de caminata, Gabriel abandonó. Regresaría a Chivilcoy, a ver pasar los ómnibuses de la Estación Norte. Construida dos décadas atrás, la estación había...